
[000213] Liberatore / Tamburini. Ranxerox en New York. Argentina: Ediciones de la Urraca, 1988. Rústica. Buen Estado Colección Los Libros de Caín Nº 1, 56 páginas. Ranxerox es el héroe por excelencia de la década del 80. Un héroe sui generis, alegarán algunos. O más bien: una perversión del héroe clásico. Per-versión: otra versión. Ranxerox no es bello, o lo es a su manera. Ostenta las formas rotundas de un físico-culturista, una nariz aporcinada, la sonrisa de un oligofrénico. De tanto en tanto, literalmente, se le vuela la tapa de los sesos: quedan, entonces, sus circuitos al aire, a los que debe cubrir con lo que encuentre, una gorra o —más prosaica— la tapa metálica de una olla. Porque, convengámoslo, el héroe quintaesencial de los 80 no puede ser sino un robot. Y eso es Ranxerox: un androide. Desde 1980-81, en que el tándem Tamburini-Liberatore dio a luz las historias de la saga Ranxerox, nada ha vuelto a ser igual. Ranx se impone como la perversión del héroe clásico. Por su comportamiento errático, por su falta de misión, por no comulgar con la estructura narrativa propia de la aventura lisa y llana. En la década de los 80, un héroe no puede creérsela. No puede pensarse absolutamente libre, en un mundo cuya voluntad está acotada por las pantallas de los televisores, No puede considerarse más lúcido que el enemigo, sino, más bien, deslucido por él. Le quedan, apenas, la violencia, la sinrazón y la desconcertante humildad de sus pretensiones. Ranxerox quiere a Lubna, un poco de droga de tanto en tanto, un cuerpo al que mutilar para no perder el hábito. Eso le basta para ser ¿feliz? La fruición que pone en defender su parcela de universo lo convierte en un gigante. Ya no pretende, como sus antecesores, restaurar un orden: le alcanza con que no lo jodan. Ranxerox. El androide punk. Qué tipo...
USD 5,00